Madrid no tiene mar pero tiene faro

Ángel no tenía casa. Tenía donde dormir, tenía una cama, pero no era su casa, de eso ya hacía mucho tiempo (de tener casa). Lola tampoco tenía casa, dormía como Ángel en el Centro de Drogodependientes desde hacía dos años, pero esa no era su casa, eso no podía ser una casa. Allí se habían conocido y allí habían comenzado a quererse. A besarse. A acariciarse. Pero no a compartir. Ángel no entendía el amor como compartir sino como poseer. Quería mucho a Lola (es decir quería poseerla mucho). Lola no entendía casi nada por aquella época (cuando no estaba drogada quería drogarse y cuando estaba drogada quería seguir estándolo). […]